> Por qué los módems de 56k sonaban así
por Archel · actualizado 16 ago 2026, 14:21 · 5 vistas
El sonido del módem al conectarse no era un adorno: era dos aparatos negociando en voz alta cómo iban a hablarse. Ese pitido de unos veinte segundos, que cualquiera que usara internet antes del año 2000 reconoce al instante, se llama «handshake» y cada tramo tiene una explicación concreta.
Por qué se oía
El altavoz estaba encendido a propósito. Como el módem usaba la línea de teléfono normal, oír la llamada era la única forma de saber qué pasaba: si comunicaba, si nadie contestaba o si alguien descolgaba el supletorio. Con el módem mudo estabas a ciegas.
Qué era cada ruido
Primero se oían los tonos de marcado, exactamente igual que un teléfono, porque es lo que era.
Luego un pitido largo y limpio del módem del otro lado diciendo «soy un módem, no una persona». Es el mismo tono que oías si llamabas por error a un fax.
Después venía lo interesante: un ruido áspero, como estática. Los dos módems estaban probando la línea. Se mandaban tonos a distintas frecuencias para medir cuáles llegaban limpios y cuáles se perdían, porque una línea de cobre de 1995 no era igual en Madrid que en un pueblo. Con ese mapa decidían a qué velocidad podían hablar.
El silencio final, cuando el ruido se cortaba de golpe, era el momento en que se ponían de acuerdo. A partir de ahí ya estaban hablando en un idioma que el altavoz no sabía representar.
Por qué 56k y no más
Porque 56k era el techo físico de la red telefónica, no del módem. La conversación se digitalizaba a 64 kbit/s en la central, y entre el ruido de la línea y la propia conversión se perdía lo suficiente como para dejarlo en unos 53 kbit/s reales. En España la normativa dejaba el tope todavía un poco más abajo. Ningún módem podía superar eso, por eso el 56k fue el último: no había hacia dónde seguir.
Qué significaba en la práctica
Con 56k, una canción en MP3 tardaba unos diez minutos. Una foto de las de entonces, medio minuto. Y mientras tanto el teléfono estaba ocupado, así que en muchas casas internet se usaba por la noche, cuando nadie esperaba llamadas y además la tarifa bajaba.
Eso explica cosas del diseño de la época que hoy parecen raras: las páginas pesaban poco porque no había más remedio, y sitios como las BBS estaban hechos de texto porque el texto viaja rápido.
Por qué se oía
El altavoz estaba encendido a propósito. Como el módem usaba la línea de teléfono normal, oír la llamada era la única forma de saber qué pasaba: si comunicaba, si nadie contestaba o si alguien descolgaba el supletorio. Con el módem mudo estabas a ciegas.
Qué era cada ruido
Primero se oían los tonos de marcado, exactamente igual que un teléfono, porque es lo que era.
Luego un pitido largo y limpio del módem del otro lado diciendo «soy un módem, no una persona». Es el mismo tono que oías si llamabas por error a un fax.
Después venía lo interesante: un ruido áspero, como estática. Los dos módems estaban probando la línea. Se mandaban tonos a distintas frecuencias para medir cuáles llegaban limpios y cuáles se perdían, porque una línea de cobre de 1995 no era igual en Madrid que en un pueblo. Con ese mapa decidían a qué velocidad podían hablar.
El silencio final, cuando el ruido se cortaba de golpe, era el momento en que se ponían de acuerdo. A partir de ahí ya estaban hablando en un idioma que el altavoz no sabía representar.
Por qué 56k y no más
Porque 56k era el techo físico de la red telefónica, no del módem. La conversación se digitalizaba a 64 kbit/s en la central, y entre el ruido de la línea y la propia conversión se perdía lo suficiente como para dejarlo en unos 53 kbit/s reales. En España la normativa dejaba el tope todavía un poco más abajo. Ningún módem podía superar eso, por eso el 56k fue el último: no había hacia dónde seguir.
Qué significaba en la práctica
Con 56k, una canción en MP3 tardaba unos diez minutos. Una foto de las de entonces, medio minuto. Y mientras tanto el teléfono estaba ocupado, así que en muchas casas internet se usaba por la noche, cuando nadie esperaba llamadas y además la tarifa bajaba.
Eso explica cosas del diseño de la época que hoy parecen raras: las páginas pesaban poco porque no había más remedio, y sitios como las BBS estaban hechos de texto porque el texto viaja rápido.
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