> Cómo era alquilar películas en un videoclub
por Archel · actualizado 16 ago 2026, 14:21 · 4 vistas
Alquilar una película en un videoclub era un ritual con reglas: ibas andando, mirabas las carátulas una por una, competías con los vecinos por la única copia de la novedad y tenías que devolverla al día siguiente o pagabas recargo. Entre 1985 y 2005 fue la forma normal de ver cine en casa en España.
Cómo funcionaba
Te hacías socio con el DNI y te daban un carné. La tienda tenía las películas ordenadas por género, y las novedades ocupaban una pared entera con varias copias de cada una. Lo demás eran estanterías de fondo, muchas veces con una sola copia.
El alquiler duraba veinticuatro o cuarenta y ocho horas. Si te pasabas, recargo. Si devolvías la cinta sin rebobinar, en algunos sitios también, y de ahí viene aquel «Be Kind, Rewind» de las pegatinas.
La carátula mandaba
Sin internet no había manera de saber si una película era buena, así que decidías por la carátula, por la contraportada y por lo que te dijera el dependiente. Eso creó una industria entera de portadas engañosas: películas pequeñas vendidas con ilustraciones espectaculares que no tenían nada que ver con lo que había dentro.
También explica por qué tanta gente descubrió cine raro en aquella época. Cuando eliges a ciegas, acabas viendo cosas que nunca habrías buscado.
Lo que se perdió y lo que no
Se perdió el catálogo. Suena raro, porque hoy hay más películas disponibles que nunca, pero están repartidas entre plataformas y entran y salen sin avisar. Un videoclub tenía menos, pero lo tenía siempre y lo tenías delante.
Y se perdió el dependiente. La recomendación de alguien que había visto todo lo de la tienda y sabía lo que te había gustado antes no la ha sustituido ningún algoritmo del todo.
Lo que no se perdió es la costumbre: elegir qué ver sigue siendo la mitad del plan.
Por qué cerraron
Se suele decir que los mató el streaming, pero llegaron tarde. Lo que los mató antes fue el DVD barato de supermercado y la descarga. Cuando comprar una película costaba lo que alquilarla tres veces, el modelo dejó de sostenerse. Hacia 2010 quedaban muy pocos en España.
Cómo funcionaba
Te hacías socio con el DNI y te daban un carné. La tienda tenía las películas ordenadas por género, y las novedades ocupaban una pared entera con varias copias de cada una. Lo demás eran estanterías de fondo, muchas veces con una sola copia.
El alquiler duraba veinticuatro o cuarenta y ocho horas. Si te pasabas, recargo. Si devolvías la cinta sin rebobinar, en algunos sitios también, y de ahí viene aquel «Be Kind, Rewind» de las pegatinas.
La carátula mandaba
Sin internet no había manera de saber si una película era buena, así que decidías por la carátula, por la contraportada y por lo que te dijera el dependiente. Eso creó una industria entera de portadas engañosas: películas pequeñas vendidas con ilustraciones espectaculares que no tenían nada que ver con lo que había dentro.
También explica por qué tanta gente descubrió cine raro en aquella época. Cuando eliges a ciegas, acabas viendo cosas que nunca habrías buscado.
Lo que se perdió y lo que no
Se perdió el catálogo. Suena raro, porque hoy hay más películas disponibles que nunca, pero están repartidas entre plataformas y entran y salen sin avisar. Un videoclub tenía menos, pero lo tenía siempre y lo tenías delante.
Y se perdió el dependiente. La recomendación de alguien que había visto todo lo de la tienda y sabía lo que te había gustado antes no la ha sustituido ningún algoritmo del todo.
Lo que no se perdió es la costumbre: elegir qué ver sigue siendo la mitad del plan.
Por qué cerraron
Se suele decir que los mató el streaming, pero llegaron tarde. Lo que los mató antes fue el DVD barato de supermercado y la descarga. Cuando comprar una película costaba lo que alquilarla tres veces, el modelo dejó de sostenerse. Hacia 2010 quedaban muy pocos en España.
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